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La Didaché - Rvdo. P. Daniel Ruiz Bueno

I. Los dos caminos

Dos caminos hay, uno de la vida y otro de la muerte; pero grande es la diferencia que hay entre estos dos caminos.

Camino de la vida
Ahora bien, el camino de la vida es éste: 
En primer lugar, amarás a Dios que te ha creado;
y en un segundo lugar, a tu prójimo, como a ti mismo.
Y todo aquello que no quieras se te haga contigo, 
no lo hagas tú tampoco a otro.

La perfección evangélica
Mas la doctrina de estas palabras es como sigue:
Bendecid a los que os maldicen 
y orad por vuestros enemigos, 
y aun ayunad por los que os persiguen. 
¿Pues qué gracia tiene que améis a los que os aman? 
¿No hacen también eso mismo los gentiles? 
Mas vosotros amad a los que os aborrecen y no tendréis enemigos.
Abstente de los deseos carnales y corporales.
Si uno te da una bofetada en la mejilla derecha, 
vuélvele también la izquierda y serás perfecto.
Si uno te fuerza a ir con él el espacio de una milla, acompáñale dos.
Si alguien te quitare el manto, dale también la túnica.
Si alguien te quita lo tuyo, no lo reclames, pues tampoco puedes.

La limosna
A todo el que te pida, dale, 
y no se lo reclames, 
pues el Padre quiere que a todos se dé de sus propios dones.
Bienaventurado el que da, 
conforme al mandamiento, pues es inocente.
Mas ¡ay del que recibe! 
Porque si recibe por necesidad, será inocente; 
mas el que recibió sin necesidad, 
tendrá que dar cuenta de por qué y para qué recibió. 
Será puesto en prisión y no saldrá de allí hasta pagar el último ochavo.

Y aun sobre esto fue dicho: 


Que tu limosna sude en tus manos, hasta que sepas a quién das.

II. El segundo mandamiento

El segundo mandamiento de la Doctrina es éste:
No matarás. No cometerás adulterio. 
No corromperás a los jóvenes. 
No fornicarás. 
No robarás. 
No te dedicarás a la magia ni a la hechicería. 
No matarás al hijo en el seno de su madre, ni quitarás la vida al recién nacido. 
No codiciarás los bienes de tu prójimo. 
No perjurarás. 
No levantarás falsos testimonios. 
No calumniarás ni guardarás rencor a nadie.
No serás doble ni de pensamiento ni de lengua, pues la doblez es un lazo de muerte.
Tu palabra no será mentirosa ni vacía, sino cumplida por la obra.
No serás avariento, ni ladrón, ni fingido, ni mal intencionado, ni soberbio.
No tomarás mal consejo contra tu prójimo.
No aborrecerás a ningún hombre, sino que a unos les corregirás, a otros los compadecerás; por unos rogarás y a otros amarás más que a tu propia alma.

III. Apártate del mal

Hijo mío, huye de todo mal y de cuanto se asemeje al mal. No seas iracundo, porque la ira conduce al asesinato.
No seas envidioso, ni disputador, ni acalorado, pues de todas estas cosas se engendran muertes.
Hijo mío, no te dejes llevar de tu deseo, pues el deseo conduce a la fornicación.
No hables deshonestamente ni andes con ojos desenvueltos, pues de todas estas cosas se engendran fornicaciones.
Hijo mío, no te hagas adivino, pues esto conduce a la idolatría; ni encantador, ni astrólogo, ni purificador, ni quieras ver estas cosas, pues de todo ello se engendra idolatría.
Hijo mío, no seas mentiroso, pues la mentira conduce al robo.
No seas avaro ni vanaglorioso, pues de todas estas cosas se engendran robos.
Hijo mío, no seas murmurador, pues la murmuración conduce a la blasfemia.
No seas arrogante, ni de mente perversa, pues de todas estas cosas se engendran blasfemias.

Haz el bien
Sé más bien manso, pues los mansos poseerán la tierra.
Sé longánime, compasivo, sin malicia, tranquilo, bueno y temeroso en todo tiempo de las palabras que oíste.
No te exaltes a ti mismo, ni consientas a tu alma temeridad alguna.
No se juntará tu alma con los soberbios, sino que conversarás con los humildes y con los justos.
Recibe como bienes las cosas que te sucedieren, sabiendo que sin la disposición de Dios nada sucede.

IV. La comunidad cristiana

Hijo mío, acuérdate noche y día del que te habla la palabra de Dios y hónrale como al Señor; porque donde la gloria del Señor es anunciada, allí está el Señor.
Buscarás todos los días los rostros de los santos, a fin de recrearte con sus palabras.
No fomentarás la escisión, sino que pondrás en paz a los que contienden.
Juzgarás con justicia, sin miramiento de personas, para reprender las faltas.
No dudarás si será o no será.

Liberalidad en el dar
No seas de los que alargan la mano para recibir y la encogen para dar. Si adquieres algo con el trabajo de tus manos, da de ellos como redención de tus pecados.
No dudarás si das o no, ni murmures cuando des, pues has de saber quién es el buen recompensador de tu limosna.
No eches de ti al necesitado, sino comunica en todo con tu hermano, y de nada digas que es tuyo propio. Pues si en los bienes inmortales os comunicáis, ¿cuánto más en los mortales?

La familia cristiana
No levantarás la mano de tu hijo o de tu hija, sino que desde la juventud les enseñarás el temor del Señor. No mandarás con aspereza a tu esclavo ni a tu esclava, que esperan en el mismo Señor que tú, no sea que pierdan el temor del Señor que está sobre unos y otros.
Porque no viene a llamar con miramiento de personas, sino a aquellos a quienes preparó su Espíritu.
Por vuestra parte, vosotros, esclavos, someteos a vuestros señores, como a representantes de Dios, en reverencia y temor.

Últimos preceptos
Aborrece toda hipocresía y todo cuanto no agrada al Señor. No abandones los mandamientos del Señor, sino guarda lo que recibiste sin añadir ni quitar cosa alguna.
Confiesa en la reunión tus pecados y no te acerques a la oración con mala conciencia.
Este es el camino de la vida.

V. El camino de la muerte

El camino de la muerte es este:
Ante todo, es camino malo y lleno de maldición. En él se dan muertes, adulterios, concupiscencias, fornicaciones, robos, idolatrías, magias, hechicerías, rapiñas, falsos testimonios, hipocresías, dobles de corazón, engaño, soberbia, malicia, arrogancia, avaricia, deshonestidad en el hablar, celos, temeridad, altivez y jactancia.

Quiénes lo siguen
Este camino siguen los perseguidores de los buenos, los aborrecedores de la verdad, los amadores de la mentira, los que no conocen el galardón de la justicia, los que no se adhieren al bien ni al recto juicio, los que vigilan y no para el bien, sino para el mal.
Síguenlo otros sí, aquellos de quienes está lejos la mansedumbre y la paciencia, los amadores de la vanidad, los que sólo buscan su recompensa, los que no se compadecen del pobre, los que no trabajan por el atribulado, los que no reconocen a su Creador, los matadores de sus hijos, los destructores de la imagen de Dios, los que arrojan de sí al necesitado, los que oprimen al atribulado, los abogados de los ricos, los jueces inicuos de los pobres, los pecadores en todo.
Apartaos, hijos, de todas estas cosas.

VI. Vía media

Vigila para que nadie te extravíe de este camino de la Doctrina, pues te enseña fuera de Dios. Porque si, en efecto, puedes llevar todo el yugo del Señor, serás perfecto; mas si no puedes todo, haz aquello que puedas.
Respecto de la comida, guarda lo que puedas; mas de lo sacrificado a los dioses, abstente enteramente, pues es culto a los dioses muertos.

VII. El Bautismo

Respecto del bautismo, bautizad de esta manera. Dichas con anterioridad todas estas cosas, bautizad en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, en agua viva.
Si no tienes agua viva, bautiza con otra agua.
Si no puedes hacerlo con agua fría, hazlo con agua caliente.
Si no tuvieres ni una ni otra, derrama tres veces agua sobre la cabeza en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Antes del bautismo, ayune el que bautiza y el bautizando, y algunos otros, si pueden. Al bautizando le mandarás ayunar uno o dos días antes.

VIII. El ayuno cristiano

Vuestros ayunos no han de ser al tiempo que lo hacen los hipócritas; porque éstos ayunan el día segundo y quinto de la semana. Mas vosotros ayunad el día cuarto y el día de la preparación.

La oración cristiana
No oréis tampoco como los hipócritas, sino que tal, como os mandó el Señor en su Evangelio, así tenéis que orar:

Padre nuestro celestial,
Santificado sea tu nombre
Vanga tu reino,
Hágase tu voluntad,
Como en el cielo, también en la tierra
El pan nuestro de nuestra subsistencia,
dánosle hoy;
y perdónanos nuestra deuda, 
así como también nosotros perdonamos a nuestros deudores, 
y no nos lleves a la tentación,
mas líbranos del malo.
Porque tuyo es el poder y la gloria por los siglos.
Así oraréis tres veces al día.

IX. La Eucaristía

Respecto de la Eucaristía, daréis gracias de esta manera:
Primeramente, sobre el cáliz:

Te damos gracias, Padre nuestro,
Por la santa viña de David, tu siervo,
La que nos diste a conocer por medio de Jesús, tu siervo.
A ti sea la gloria por los siglos.

Luego, sobre la fracción:
Te damos gracias, Padre nuestro,
Por la vida y el conocimiento
Que nos manifestaste
Por medio de Jesús, tu siervo.
A ti sea la gloria por los siglos.
Como este fragmentos
Estaba disperso sobre los montes
Y reunido se hizo uno,
Así sea congregada tu Iglesia
De los confines de la tierra en tu reino.
Porque tuya es la gloria y el poder
Por Jesucristo eternamente.

Que nadie coma y beba de vuestra Eucaristía, sino los bautizados en el nombre del Señor. Pues justamente sobre esto dijo el Señor: No déis lo Santo a los perros.

X. Después del ágape.

Después de saciaros, daréis gracias de este modo:
Te damos gracias, Padre nuestro,
por tu Santo nombre,
que hiciste morar en nuestros corazones,
y por el conocimiento, la fe y la inmortalidad
que nos manifestaste
por medio de Jesús, tu siervo.
A ti sea la gloria por los siglos.
Tú, Señor omnipotente,
Creaste todas las cosas por causa de tu nombre,
Y diste a los hombres
comida y bebida para su disfrute,
a fin de que te dé gracias.
Mas a nosotros nos concediste
Comida y bebida espiritual
Y vida eterna por tu Siervo.
Ante todo, te damos gracias,
porque eres poderoso.
A ti sea la gloria por los siglos
Acuérdate, Señor, de tu Iglesia,
Para liberarla de todo mal,
Y reúnela, santificada,
De los cuatro vientos
En el reino que Tú le preparaste.
Porque tuyo es el poder y la gloria por los siglos.
Venga la gracias y pase este mundo.
Hosanna al dios de David.
El que sea santo, que se acerque;
El que no lo sea, que haga penitencia.
Maranathá. Amén.
A los profetas, permitidles que den gracias cuantas quieran.

La unción.
Respecto del óleo de la unción, daréis gracias de esta manera:
Te damos gracias, Padre nuestro,
Por el óleo de la unción,
que Tú nos manifestaste
por Jesucristo, tu Siervo.
A ti sea la gloria por los siglos.

XI. Apóstoles y profetas.

Así, pues, al que viniere a vosotros y os enseñare todo lo antedicho, recibidle; mas si, extraviado el maestro mismo, os enseñare otra doctrina para vuestra disolución, no la recibáis.
Al que enseñare, en cambio, para aumentar vuestra justicia y conocimiento del Señor, recibidle como al Señor.
Respecto de los apóstoles y profetas, procederéis conforme a la doctrina del Evangelio.
Todo apóstol que venga a vosotros, sea recibido como el Señor.

Alerta con los falsarios.
El Apóstol no permanecerá entre vosotros sino un solo día; si hubiere necesidad, otro más. Pero si permaneciere tres días, es un falso profeta.
Al salir de entre vosotros, el apóstol no ha de tomar nada consigo, si no fuere pan, hasta su nuevo alojamiento. Mas si pidiere dinero, es un falso profeta.

No juzgar al profeta.
No examinéis ni juzguéis a ningún profeta que habla en espíritu, porque todo pecado se perdonará, pero este pecado no se perdonará.
Sin embargo, no todo el que habla en espíritu es profeta, sino el que tuviere las costumbres del Señor.
Así, pues, por sus costumbres se conocerá el verdadero y falso profeta.

Señales de discernimiento.
Todo profeta que manda poner una mesa, no come de ella; en caso contrario, es un falso profeta.
Y si un profeta enseña la verdad, pero no cumple lo que enseña, es un falso profeta.
Todo profeta que se ha probado ser verdadero, que hace algo para el misterio mundano de la Iglesia, pero no enseña a hacer lo que él hace, no ha de ser juzgado de vosotros, pues tiene su juicio con Dios. Del mismo modo, en efecto, obraron los antiguos profetas. Mas el que dijere en espíritu: Dame dinero y otras cosas, no le escuchéis; mas si dijere que se dé para otros necesitados, que nadie le juzgue.

XII. Peregrinos y vagos

Todo el que llegare a vosotros en el nombre del Señor, sea recibido; luego, examinándole, le conoceréis —pues tenéis inteligencia— por su derecha y por su izquierda.
Si el que llega a vosotros es un caminante, ayudadle en cuanto podáis. Sin embargo, no permanecerá entre vosotros sino dos días, y si hubiere necesidad, tres. Si quiere establecerse entre vosotros y tiene un oficio, que trabaje y así se alimente.
Si no tuviere oficio, proveed conforme a vuestra prudencia para que no viva entre vosotros ningún cristiano ocioso.
Caso de que no quisiere hacerlo así, es un traficante de Cristo.

XIII. El sustento de profetas y maestros.

Todo profeta verdadero, que quiera establecerse entre vosotros, es digno de su sustento.
Igualmente, el maestro verdadero merece también, como el trabajador, que le alimentéis.
Por lo tanto, de todos los productos del lagar y de la era, de los bueyes y de las ovejas, darás las primicias a los profetas, pues ellos son vuestros sumo sacerdotes.
Si no tuvieres profeta, dádselo a los pobres.
Si amasares pan, toma las primicias y dalas conforme al mandato de la ley.
Igualmente, cuando abrieres un cántaro de vino o de aceite, toma las primicias y dalas a los profetas.
Toma de tu plata y vestidos y de toda tu riqueza las primicias que te pareciere, y dalas conforme al mandato de la ley.

XIV- El día del Señor.

Reuníos el día del Señor, partid el pan y celebrad la acción de gracias, después de haber confesado vuestros pecados, a fin de que vuestro sacrificio sea puro.
Todo el que tuviere contienda con su prójimo, no se junte con vosotros hasta tanto se hayan reconciliado, a fin de que no se profane vuestro sacrificio.
Porque éste es el sacrificio del que dijo el Señor: En todo lugar y en todo tiempo, se me ofrece un sacrificio puro, porque Yo soy Rey grande, dice el Señor, y mi nombre es admirable entre las naciones.

XV. Elección de obispos y diáconos.

Elegíos, pues, inspectores y ministros dignos del Señor, que sean hombres mansos, desinteresados, veraces y probados. Porque también ellos os sirven el ministerio de los profetas. No los despreséis, pues, porque ellos son los que alcanzan honor entre vosotros, juntamente con los profetas y maestros.

La corrección fraterna.
Corregíos los unos a los otros, no con ira, sino con paz, como lo tenéis en el Evangelio. Nadie hable con el que hubiere faltado contra otro, ni él oiga palabra de vosotros, hasta que se arrepienta. Vuestras oraciones, vuestras limosnas y todas las demás acciones, las haréis como lo tenéis en el Evangelio de Nuestro Señor.

XVI. Exhortación a la vigilancia.

Vigilad sobre vuestra vida; no se apaguen vuestras linternas, ni se desciñan vuestras cinturas, sino estad preparados, porque no sabéis la hora en que ha de venir vuestro Señor.
Reuníos con frecuencia y buscad lo que conviene a vuestras almas, pues de nada os aprovechará todo el tiempo de vuestra fe, si en el último momento no sois perfectos.

Los últimos tiempos.
Porque en los últimos días se multiplicarán los falsos profetas y los corruptores, y las ovejas se convertirán en lobos y el amor se convertirá en odio.
Porque, creciendo la iniquidad, los hombres se aborrecerán unos a otros y se perseguirán y traicionarán.
Y entonces aparecerá el extraviador del mundo, como hijo de Dios. Y hará señales y prodigios
Y la tierra será entregada en sus manos, y cometerá crímenes cuales no fueron desde los siglos.
Entonces la creación de los hombres vendrá al abrasamiento de la prueba, y muchos se escandalizarán y perecerán.
Mas los que perseveraren en la fe se salvarán por el mismo que aquellos maldicen.

Signos finales
Y entonces aparecerán los signos de la verdad. Primeramente, el signo de la apertura en el cielo; luego, el signo de la voz de la trompeta; y el tercero, la resurrección de los muertos. Mas no de todos, sino como fue dicho: Vendrá el Señor y todos sus ángeles con él.
Entonces verá el mundo al Señor que viene sobre las nubes del cielo.

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La Didaché: Introducción

La obra fue conocida en la iglesia post-apostólica, y hay varias referencias en los escritores post-apostólicos (veáse la bibliografía). Se cree que se había perdido hasta que fue descubierto por Breyennios en 1875 en la Biblioteca Patriarcal de Jerusalén en Constantinopla. Este manuscrito griego se conoce como C.
Posteriormente, dos copias de una versión latina fueron descubiertos. También se sabe que se han utilizado en otras dos obras: Las Ordenanzas Iglesia (conocido como KO) y la Consitutión Apostólica, libro VII.
Esquema (según Kirsopp Lake)

1.1 Los dos caminos
1.2 El Camino de la Vida
1.3 La Explicación
1.5 La Limosna
2.1 La segunda parte de la enseñanza
3.1 Otros consejos para el catecúmeno
4.1 El deber de los catecúmenos en la iglesia
4.5 Contra la mezquindad
4.9 Las tareas del hogar
4.12 Contra la hipocresía
5.1 El Camino de la Muerte
6.1 Exhortación final
6.3 Los alimentos y 'lo sacrificado a los ídolos "
7.1 Bautismo
8.1 El ayuno
8.2 Oraciones
9.1 La Eucaristía
9.2 La Copa
9.3 El Pan
10.1 La oración final en la Eucaristía
11.1 Los maestros itinerantes
11.3 Los Apóstoles
11.7 Los Profetas
12.1 Viajeros cristianos
13.1 Los profetas que desean permanecer
13.3 Los pagos por primicias
14.1 El culto dominical
15.1 Los Obispos y diáconos
15.3 Reproches mutuos
16.1 Advertencia de que el final está cerca

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La Didache o Doctrina de los Doce Apóstoles


--->Análisis por Johannes Quasten
--->Introducción
--->La Didaché - Rvdo. P. Daniel Ruiz Bueno
La Didaché - José Vives
La Didaché - E. Backhouse y C. Tylor
La Didaché - Joseph Barber Lightfoot
La Didaché - Holy Trinity Orthodox Mission

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La Didaché - Análisis por Johannes Quasten

            El índice del códice en que fue hallada la Didaché cita esta en la forma abreviada: Διδαχή των δώδεκα αποστόλων, el título completo de la obra es Διδαχή του Κυρίου δια των δοδεκα αποστόλων τοις εθνεσιν, o sea: La instrucción del Señor a los gentiles por medio de los doce Apóstoles. Este último parece haber sido el título primitivo. El autor no revela su nombre. Pero sería aventurado suponer, como lo hiciera Duchesne, que el título quiera indicar una paternidad apostólica. El texto no justifica semejante conjetura en manera alguna. La intención del autor de la obra fue evidentemente dar un breve resumen de la doctrina de Cristo tal como la enseñaron los Apóstoles a las naciones. Esto explicaría su título.
            La Didaché es el documento más importante de la era post-apostólica y la más antigua fuente de legislación eclesiástica que poseemos. Hasta el año 1883 era totalmente desconocida. La publicó ese año el metropolita griego de Nicomedia, Piloteo Bryennios, de un códice griego en pergamino (1057) del patriarcado de Jerusalén. Desde entonces, y gracias a este documento, se han dilatado y profundizado de manera sorprendente nuestros conocimientos sobre los orígenes de la Iglesia. Los sabios, atraídos constantemente por el rico contenido de esta obra, han encontrado en ella estímulo y luces siempre nuevas.
            A juzgar sólo por el título, uno podría creer que la Didaché contiene la predicación evangélica de Cristo; vemos, en cambio, que es más bien un compendio de preceptos de moral, de instrucciones sobre la organización de las comunidades y de ordenanzas relativas a las funciones litúrgicas; tenemos aquí un conjunto de normas que nos ofrecen un magnífico cuadro de la vida cristiana en el siglo II. Esta obra viene a ser de hecho, el código eclesiástico más antiguo, prototipo venerable de todas las colecciones posteriores de Constituciones o Cánones apostólicos con que empezó el derecho canónico en Oriente y Occidente.

1. Contenido

            El tratado está dividido en 16 capítulos, en los cuales se pueden distinguir claramente dos partes principales. La primera (c.1-10) presenta unas instrucciones litúrgicas; la segunda (c.11-15) comprende normas disciplinares. La obra concluye con el capítulo sobre la parousia del Señor y sobre los deberes cristianos que se deducen de la misma.
            La primera sección (c.1-6) de la parte litúrgica contiene directivas sobre la manera de instruir a los catecúmenos. La forma en que están redactadas estas instrucciones es muy interesante. Las reglas de moral son presentadas bajo la imagen de los dos caminos: el del bien y el del mal. El texto empieza así:
            Dos caminos hay, uno de la vida y otro de la muerte; pero grande es la diferencia que hay entre estos caminos. Ahora bien, el camino de la vida es éste: en primer lugar amarás a Dios, que te ha creado; en segundo lugar, a tu prójimo como a ti mismo. Y todo aquello que no quieras que se haga contigo, no lo hagas tú tampoco a otro (1,1-2: BAC 65,77).
            La descripción del camino de la muerte nos lleva al capítulo quinto: 
            Mas el camino de la muerte es éste: ante todo, es camino malo y lleno de maldición: muertes, adulterios, codicias, fornicaciones, robos, idolatrías, magias, hechicerías, rapiñas, falsos testimonios, hipocresías, doblez de corazón, engaño, soberbia, maldad, arrogancia, avaricia, deshonestidad en el hablar, celos, temeridad, altanería, jactancia (BAC 65,83).
            Este recurso de los dos caminos, que se utiliza aquí como método básico para la formación de los catecúmenos, lleva el sello de una concepción griega conocida desde antaño. Se utilizaba en las sinagogas helenísticas para instruir a los prosélitos.
            Son muy importantes para la historia de la liturgia los capítulos 7-10. En primer lugar se dan normas para la administración del bautismo:
            Acerca del bautismo, bautizad de esta manera: Dichas con anterioridad todas estas cosas, bautizad en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, en agua viva. Si no tienes agua viva, bautiza con otra agua; si no puedes hacerlo con agua fría, hazlo con agua caliente. Si no tuvieres una ni otra, derrama agua en la cabeza tres veces en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo (7,1-3: BAC 65,84).
            Según este pasaje, el bautismo de inmersión en agua corriente, es decir, en ríos y manantiales, era la forma más ordinaria de administrar este sacramento; se autorizaba el bautismo por infusión en casos de necesidad. Esta es la única referencia de los siglos I y II acerca del bautismo de infusión.
            La Didaché contiene, además, un precepto explícito ordenando el ayuno. Tanto el candidato como el ministro del bautismo estaban obligados a ayunar antes de la administración del sacramento (7,4). Se manda ayunar los miércoles y viernes, costumbre que iba directamente contra la práctica judía, ya que ésta guardaba los lunes y jueves como días tradicionales de ayuno (8,1).
Oración y liturgia.
            La recitación de la oración dominical tres veces al día es obligatoria para los fieles. Los capítulos 9 y 10 tienen importancia para la historia de la liturgia, puesto que contienen las preces eucarísticas más antiguas que poseemos: 
            Respecto a la acción de gracias, daréis gracias de esta manera. Primeramente, sobre el cáliz:
            Te damos gracias, Padre nuestro,
            por la santa viña de David, tu siervo.
            la que nos diste a conocer
            por medio de Jesús, tu siervo.
            A ti sea la gloria por los siglos.
            Luego, sobre el fragmento:
            Te damos gracias, Padre nuestro,
            por la vida y conocimiento
            que nos manifestaste
            por medio de Jesús, tu siervo.
            A ti sea la gloria por los siglos.
            Como este fragmento estaba disperso sobre los montes,
            y reunido se hizo uno,
            así sea reunida tu Iglesia
            de los confines de la tierra en tu reino.
            Porque tuya es la gloria y el poder
            por Jesucristo eternamente.
            Que nadie, empero, coma ni beba de vuestra acción
            de gracias, sino los bautizados en el nombre del Señor,
            pues acerca de ello dijo el Señor: “No deis lo santo a
            los perros” .
Se ha propuesto más de una vez la hipótesis de que estas preces no son específicamente eucarísticas, sino simplemente oraciones o bendiciones de mesa, pero no se puede sostener. La parte referente a la Eucaristía está íntimamente unida a la del bautismo, señal de que estos dos sacramentos están también asociados, a no dudarlo, en la mente del autor. Además, los no bautizados están expresamente excluidos de la recepción de la Eucaristía. El capítulo 10 cita una plegaria que hay que decir después de la comunión: 
            Después de saciaros, daréis gracias así: 
           Te damos gracias, Padre Santo,
            por tu santo Nombre,
            que hiciste morar en nuestros corazones.
            y por el conocimiento y la fe y la inmortalidad
            que nos diste a conocer
            por medio de Jesús, tu siervo.
            A ti sea la gloria por los siglos.
            Tú, Señor omnipotente.
            creaste todas las cosas por causa de tu Nombre
            y diste a los hombres
            comida y bebida para su disfrute
            Mas a nosotros nos hiciste gracia
            de comida y bebida espiritual
            y de vida eterna por tu siervo.
            Ante todo, te damos gracias
            porque eres poderoso.
            A ti sea la gloria por los siglos .
A la Eucaristía se la llama aquí claramente manjar y bebida espiritual (πνευματική τροφή και ποτόν) y el autor añade: El que sea santo, que se acerque. El que no lo sea, que haga penitencia.
            Hay muchos indicios, pero sobre todo el contexto, que corroboran la opinión de que estas prescripciones se enderezaban a regular la primera comunión de los que acababan de ser bautizados en la vigilia pascual. La celebración eucarística ordinaria de los domingos está descrita en el capítulo 14:
            Reunidos cada día del Señor, romped el pan y dad gracias, después de haber confesado vuestros pecados, a fin de que vuestro sacrificio sea puro. Todo aquel, empero, que tenga contienda con su compañero, no se junte con vosotros hasta tanto no se ha van reconciliado, a fin de que no se profane vuestro sacrificio. Porque éste es el sacrificio del que dijo el Señor: En todo lugar y en todo tiempo se me ofrece un sacrificio puro, porque yo soy rey grande, dice el Señor, y mi Nombre es admirable entre las naciones .
            La referencia concreta a la Eucaristía como sacrificio (θυσία) y la alusión a Malaquías (1,10) son significativas.
Confesión
            No menos interesante es la insistencia sobre la confesión antes de recibir la Eucaristía. La confesión de los pecados, de la que nos ocupamos ahora, es probablemente una confesión litúrgica muy parecida a nuestro Confiteor. De modo parecido, el capítulo 4,14 exige la confesión de los pecados antes de la oración en la iglesia: “En la reunión de los fieles confesarás tus pecados y no te acercarás a la oración con mala conciencia.”
Jerarquía
            En la Didaché no hay indicación alguna que permita afirmar la existencia de un episcopado monárquico. Los jefes de las comunidades se llaman episkopoi y diakonoi; pero no aparece claro si estos episkopoi eran simples sacerdotes u obispos. En ninguna parte se hace mención de los presbíteros:
            Elegíos, pues, inspectores y ministros dignos del Señor, que sean hombres mansos, desinteresados, verdaderos y probados, porque también ellos administran el ministerio de los profetas y maestros. No los despreciéis, pues, porque ellos son los honrados entre vosotros, juntamente con los profetas y los doctores (15,1-2: BAC 65,92).
            Este pasaje nos da pie para concluir que, además de la jerarquía local, jugaban un papel importante los llamados profetas. En el capítulo 13,3 leemos acerca de ellos: “Ellos son vuestros sumos sacerdotes.” Podían celebrar la Eucaristía: “A los profetas, permitidles que den gracias (ευχαριστεΐν) todo el tiempo que quieran” (10,7). Tenían derecho a las décimas de todos los ingresos: “Así, pues, de todos los productos del lugar y de la era, de los bueyes y de las ovejas, tomarás las primicias y se las darás como primicias a los profetas... Igualmente, cuando abrieres un cántaro de vino o de aceite, toma las primicias y dalas a los profetas. De tu dinero y de tus vestidos y de todo cuanto poseas tomarás las primicias, según te pareciere, y las darás conforme al mandato” (13,3-7). El rango que ocupaban los profetas era tenido en mucha estima, pues se decía de ellos que no podían ser juzgados: “El (el profeta) no será juzgado por vosotros, pues su juicio corresponde a Dios” (11,11). Sería, en efecto, un pecado contra el Espíritu Santo el criticarle: “No tentéis ni pongáis a prueba a ningún profeta que hable en espíritu, porque todo pecado será perdonado, mas este pecado no se perdonará” (11,7).
Caridad y asistencia social.
            Son muy interesantes los principios de caridad y de asistencia social expresados en la Didaché. Se recomienda con encarecimiento el dar limosna, pero al mismo tiempo se insiste también en la obligación de ganarse la vida con su trabajo. El deber de socorrer las necesidades de los demás depende de su incapacidad para el trabajo:
            Si el que llega es un caminante, ayudadle, en cuanto podáis; sin embargo, no permanecerá entre vosotros más que dos días, o, si hubiere necesidad, tres. Mas si quiere establecerse entre vosotros, teniendo un oficio, que trabaje y así se alimente. Mas, si no tiene oficio, proveed conforme a vuestra prudencia, de modo que no viva entre vosotros ningún cristiano ocioso. Caso que no quisiese hacerlo así, es un traficante de Cristo. Estad alerta contra los tales (12,2-5: BAC 65,90).
Eclesiología.
            El concepto de “Iglesia” tiene en la Didaché sentido de universalidad. En el primer plano de la conciencia cristiana subsiste la idea de una Iglesia que abraza el mundo entero. La palabra εκκλησία no significa solamente la congregación de los creyentes reunidos para orar, sino también el nuevo pueblo o la nueva raza de los cristianos que un día se establecerán firmemente en el reino de Dios. Los atributos una y santa se acentúan de un modo especial. El símbolo de esta unidad de todas las unidades es el pan eucarístico que de una multitud de granos viene a formar un solo pan. Como reza una de las plegarias:
            Como este fragmento estaba disperso sobre los montes y reunido se hizo uno. así sea reunida tu Iglesia de los confines de la tierra en tu reino (9,4: BAC 65,86).
            Y en otra parte formula la siguiente petición:
            Acuérdate, Señor, de tu Iglesia,
            para librarla de todo mal
            y hacerla perfecta en tu amor,
            y reúnela de los cuatro vientos,
            santificada,
            en el reino tuyo, que has preparado (10.5: BAC 65.87).
Escatología.
            La actitud escatológica destaca mucho en la Didaché. Aparece una y otra vez en las plegarias eucarísticas: “que venga la gracia y que pase este mundo,” inspira la conclusión final, es decir, el aramaico Maran Atha, “ven, Señor,” e informa por completo el último capítulo de la obra. La incertidumbre de la hora la conocen todos los cristianos, pero también la inminencia de la parousia, la segunda venida del Señor. Es, pues, necesario que los fieles se reúnan con frecuencia para buscar las cosas que son provechosas para sus almas. La Didaché indica las señales que serán los heraldos de la parousiay de la resurrección de los muertos: se multiplicarán los falsos profetas y los corruptores, las ovejas se trocarán en lobos, el amor se mudará en odio; entonces aparecerá el seductor del mundo, cual si fuera el Hijo de Dios, y obrará signos y portentos, y la tierra será entregada en sus manos. “Entonces la humanidad sufrirá la prueba del fuego.” Aunque se escandalizarán y se perderán muchos, los que perseveraren en su fe serán salvos. Entonces el mundo verá al Señor que viene sobre las nubes del cielo y todos los santos con El. Por eso se advierte a los cristianos: “Vigilad sobre vuestra vida; no se apaguen vuestras linternas ni se desciñan vuestros lomos, sino estad preparados, porque no sabéis la hora en que va a venir vuestro Señor” (16,1). 

2. Época de su composición.

            El problema más importante que plantea la Didaché es la cuestión de la fecha de su composición. Estudios críticos recientes han puesto de manifiesto el acusado paralelismo que existe entre los seis primeros capítulos de la Didaché y los capítulos 18-20 de la Epístola de Bernabé. Sin embargo, existen muy fundadas dudas de que esta semejanza arguya una dependencia real de la Didaché respecto de la Epístola de Bernabé. En todo caso, no se puede demostrar irrebatiblemente tal parentesco. Hay otra explicación plausible: Puesto que en los capítulos en litigio ambas obras tratan de las Dos Vías, es posible que las dos procedan de una tercera fuente. Hasta ahora, los intentos por relacionar la Didaché con el Pastor de Hermas y con el Diatessaron de Taciano no han dado resultados definitivos. Una sola cosa es cierta, a saber, que la sección l,3c a 2,1 ha sido interpolada posteriormente en el texto de la Didaché. Quizás sea también éste el caso de los capítulos 6 y 14. La Didaché, en su conjunto, no es una obra coherente, sino una compilación, hecha sin arte, de textos ya existentes. No pasa de ser una colección de normas eclesiásticas que habían estado en uso por algún tiempo y habían adquirido por esto mismo fuerza de ley. Muchas de la contradicciones que ocurren en la Didaché se explicarían suponiendo que el compilador no consiguió dar unidad a los materiales de que disponía.
            La evidencia interna ayuda más a determinar la fecha en que fue compilada la Didaché. Por su contenido se ve claramente que la obra no data de la era apostólica, pues ya apunta en ella la oposición contra los judíos. El abandono progresivo de las costumbres de la sinagoga está en marcha. Además, una colección de ordenaciones eclesiásticas como ésta presupone un período más o menos largo de estabilización. Ciertos detalles diseminados por la obra indican que la era apostólica no era ya algo contemporáneo, sino que había pasado a la historia. El bautismo por infusión está autorizado; el respeto a los profetas de la nueva Ley va cediendo y hay que inculcarlo de nuevo. Por otra parte, hay pormenores que indican un origen cercano a la era apostólica. La liturgia descrita en los capítulos 7-10 es de la más absoluta simplicidad: el bautismo en agua corriente, es decir, en los ríos, es lo normal. El bautismo por infusión está permitido, pero sólo a modo de excepción. Además, no hay vestigios de una fórmula universal del Credo, ni de un canon del Nuevo Testamento. Los profetas siguen todavía celebrando la Eucaristía, y es preciso recalcar que los verdaderos ministros de la liturgia, los obispos y los diáconos, tienen derecho al mismo honor y respeto por parte de los fieles. Todos estos hechos nos mueven a afirmar que la Didaché debió de ser compilada entre los años 100 y 150. Muy probablemente fue escrita en Siria. Sin embargo, E. Peterson ha demostrado recientemente que el texto publicado por Bryennios parece ser de fecha más tardía y teológicamente tendencioso.
            La Didaché gozó en la antigüedad de tanto respeto y reverencia que muchos llegaron a considerarla tan importante como los libros del Nuevo Testamento. Por eso Eusebio (Hist. eccl. 3,25,4),Atanasio (Ep. fest. 39) y Rufino (Comm. in symb. 38) creyeron necesario recalcar que la Didaché no es un escrito canónico, y, por consiguiente, debe incluirse entre los apócrifos. La Didaché sirvió de modelo a obras litúrgicas y a escritos de derecho canónico posteriores, como, por ejemplo, la Didascalía Siríaca, la Tradición apostólica de Hipólito de Roma y las Constituciones de los Apóstoles. Se usaba también, como nos dice Atanasio, para la instrucción de los catecúmenos.
            La discusión sobre la fecha de composición de la Didaché, que lleva ya setenta y cinco años de duración, ha entrado recientemente en una nueva fase, gracias a los trabajos de Audet, Glover y Adam. Especialmente la obra de Audet ha vuelto a plantear los problemas en su conjunto. Audet empieza por investigar el título original de la Didaché y llega a persuadirse que era: Διδαχαί των αποστόλων,Instrucciones de los Apóstoles, y de que el otro título más largo no es el original. En su crítica del texto, Audet distingue entre D 1, D 2 y J. En su opinión, D 1 representa la Didaché original, que va de 1 a 11, 2. D 2 sería una continuación, obra de los didachistas, y abarca el resto, de 11,3 al final. El interpolador (J) añadió más tarde los pasajes l,3b - 2,l; 6,2ss 7,2-4 y 13,3.5-7. Las glosas 1,4a y 13,4 provienen de una época más reciente todavía, pero siempre dentro de los primeros siglos. Audet dedica una atención muy particular al problema de las fuentes. En lo que se refiere a las relaciones de laDidaché con la Epístola de Bernabé, llega a la misma conclusión que nosotros, a saber, que la Didaché y la Epístola de Bernabé son independientes la una de la otra y que ambas han tomado la doctrina de las Dos Vías directamente de una fuente común de origen judío. Audet es de la opinión de que esta fuente judía está representada en la Doctrina XII Apostolorum, descubierta por J. Schlecht (Friburgo de Br. 1900 y 1901). Para la doctrina de las Dos Vías contenida ya en esta fuente judía, Audet remite a la “Regla de las sectas” de la comunidad de Qumrán, descubierta recientemente. El Pastor de Hermas no puede, según Audet, ser fuente de la Didaché, como afirmaron Robinson, Muilenberg, Connolly y otros, por cuanto, que la Didaché es mucho más antigua. Todavía entra menos en consideración como fuente el Diatessaron de Taciano, contra lo que opinaba Dix. Audet cree, además, que D 1 (c.1-12,2) no depende ni del evangelio de San Mateo ni del evangelio de San Juan, sino que utiliza una tradición evangélica, que presenta cierto parentesco con San Mateo, pero no se identifica con él. Ni siquiera el interpolador J ha utilizado los evangelios de San Mateo y de San Lucas. Es curioso que Glover, casi al mismo tiempo que Audet, pero con total independencia, defendió la misma tesis: que la Didaché no contiene todavía ninguna cita de los Sinópticos.
            Apoyándose en esta crítica de las fuentes, Audet concluye que la Didaché fue compuesta entre los años 50 y 70 de la era cristiana. Como lugar de origen se ha de suponer Siria o Palestina. Audet llega a creer que la Didaché debió de originarse en Antioquia; al menos, sostiene esta posibilidad. Poco antes de que apareciera la obra de Audet, A. Adam rechazó esta última posibilidad. Adam cree que laDidaché fue compuesta entre los años 70 y 90 en la Siria oriental, quizás en Pella. Audet se hace cargo del carácter hipotético de sus afirmaciones. Si la Didaché se compuso efectivamente en Antioquía en una época tan remota, antes de que se escribieran los evangelios sinópticos, es extraño que las cartas de San Pablo y de San Ignacio, obispo de Antioquía, no revelen absolutamente ningún conocimiento de laDidaché. Sin embargo, me parece que las investigaciones de Audet, Glover y Adam suministran, en conjunto, la prueba de que la Didaché pertenece al siglo I.
            Audet opina que las oraciones de los capítulos 9 y 10 no provienen ni de una celebración eucarística ni de un ágape, sino de una “liturgie de vigile,” que solía preceder a la celebración eucarística y a la cual podían asistir también los no bautizados. El capítulo 10,6 contiene un “rituel de passage” entre la liturgia de vigilia y la “eucharistie majeure” propiamente dicha. Esta celebración dominical, que se describe en el capítulo 14, pertenece a D 2. La penitencia que precede a la celebración eucarística dominical (14,1) Audet la considera también, con razón, como “confession commune et liturgique.”

3. Transmisión del texto.

            Para el texto de la Didaché contamos con las siguientes fuentes: 
Griegas: 1) El Codex Hierosolymitanus del patriarcado griego de Jerusalén, que se conservaba anteriormente en la biblioteca del Santo Sepulcro de Constantinopla. Fue escrito en 1056 por un notario llamado León. En este códice el texto aparece después de las epístolas de Bernabé y de Clemente y antes de las de San Ignacio. 2) El texto griego de los capítulos 1,3-4 y 2,7-3,2 se conserva en un pergamino de Oxyrhynchos, del siglo IV. 3) Los capítulos 1-6 están incorporados a los capítulos 18-20 de la Epístola de Bernabé. 4) Los Cánones de los Apóstoles, compilados en el siglo IV en Egipto, contienen los capítulos 1,1-3 y 2,2-4,8. El libro VII de las Constituciones apostólicas, escritas en Siria en el siglo IV, incluyen casi todo el texto griego de la Didaché.
Latinas: Se conservan dos fragmentos de una antigua traducción latina que debió de hacerse en el siglo ni. El más corto de los dos, de un códice de Melk del siglo IX o X, contiene los capítulos 1,1-2 y 2,2-6,1. Recientemente se ha encontrado en un papiro (927) del Museo Británico una parte considerable (c.10,3b-12,2a) de una traducción copta del siglo V. Según este fragmento, a las plegarias eucarísticas seguía una oración que hay que decir sobre el óleo de la unción (μύρον). El óleo en cuestión es, probablemente, el crisma que se usaba en la administración de los sacramentos del bautismo y de la confirmación. Además de los mencionados manuscritos tenemos fragmentos de traducciones siríacas, árabes, etiópicas y georgianas.
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